lunes, 24 de julio de 2017

Envidia de la felicidad ajena

Confieso que soy una visitante asidua de Facebook. Me encantan las publicaciones de salud, deporte, política, actualidad, litetatura, música, arte. Así que es fácil deducir que "pierdo" bastante tiempo frente a mi celular.  Y bueno, confieso que también le doy una miradita a las fotografías que publican algunos de mis contactos; sus fotografías de viajes a la playa o a otros países, sus paseos por la montaña, sus logros deportivos, sus renovadas fotos de perfil, las celebraciones de cumpleaños, las reuniones de amigos de toda la vida...en fin... me gusta ver a mis amigos felices y a los que no son tan amigos pero que están entre mis contactos.

Pero tengo unos días grises, espero que como cualquier mortal común y corriente, en los que la felicidad de los demás me da alergia. Esa felicidad con fondo de atardeceres,  paisajes exóticos,  museos,  parques,  esculturas antiguas o ultramodernas,  puede llegar a causarme escozor en el alma. Mejor dicho, dejémonos de eufemismos y digamos las cosas por su nombre: siento envidia. Entonces remuevo la aplicación de mi celular y decido tener una vida a la antigua; llegar a mi casa a leer un buen libro, entrar al baño con el periódico o una revista, despertar en la mañana, abrir las cortinas de mi habitación y saludar al árbol que mantiene fresca mi casa.

Confieso que la decisión dura poco tiempo, las nubes pasan y la envidia se esfuma. Me acuerdo que yo también publico fotos en donde me veo radiante, como si mi vida fuera perfecta, no me doliera nada (ni en el cuerpo ni en el alma). Entonces me descubro más humana, más real. Entiendo que la vida de todos está llena de sombras que definitivamente, no son nada fotogénicas. ¿0 si?




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