martes, 31 de octubre de 2017

Cincuenta y Cuatro

He estado pensando qué no puedo hacer ahora que ando por los cincuenta y cuatro y sí podía hacer hace treinta años, o hace veinte, o hasta hace diez. Y he llegado a la conclusión, de que puedo hacer  casi todo, pero la diferencia es que ya no quiero y lo que hago, sólo me concierne a mí. Por ejemplo...puedo salir a bailar, pero me quedo hasta la hora que quiero, no hasta la hora que quieren mis amigos; puedo salir de compras, pero ahora no me interesa lo que opinen mis amigas o mi pareja sobre lo que elijo; puedo usar tacones altos y verme muy sexy, pero prefiero que sean cómodos; puedo salir de viaje, pero sólo a donde me gusta, con quien quiera, o sola y el tiempo que desee. Doy gracias no ser esclava de las opiniones que tengan de mí mis amigas, o de la naecesidad de hacer que los hombres volteen sus miradas a mi paso; ya no me importa si soy la primera que se va de la fiesta, o si piensan que me volví aburrida; puedo estudiar, no con un fin práctico, sino por el placer de conocer algo nuevo, puedo enamorarme, sin el sueño romántico de un amor para siempre, sin restarle los colores del amor y dejando, qué día a día, la vida me sorprenda.En fin...puedo hacer casi las mismas cosas, pero a una velocidad distinta, pensando más en mi; puedo amar, trabajar, soñar, comer, divertirme, descansar, con toda la pasión de mi alma, a mi estilo, a mi aire. A estos cincuenta y cuatro años no es que me haya vuelto más egoísta, es que aprendí a amarme a mí misma.

lunes, 24 de julio de 2017

Envidia de la felicidad ajena

Confieso que soy una visitante asidua de Facebook. Me encantan las publicaciones de salud, deporte, política, actualidad, litetatura, música, arte. Así que es fácil deducir que "pierdo" bastante tiempo frente a mi celular.  Y bueno, confieso que también le doy una miradita a las fotografías que publican algunos de mis contactos; sus fotografías de viajes a la playa o a otros países, sus paseos por la montaña, sus logros deportivos, sus renovadas fotos de perfil, las celebraciones de cumpleaños, las reuniones de amigos de toda la vida...en fin... me gusta ver a mis amigos felices y a los que no son tan amigos pero que están entre mis contactos.

Pero tengo unos días grises, espero que como cualquier mortal común y corriente, en los que la felicidad de los demás me da alergia. Esa felicidad con fondo de atardeceres,  paisajes exóticos,  museos,  parques,  esculturas antiguas o ultramodernas,  puede llegar a causarme escozor en el alma. Mejor dicho, dejémonos de eufemismos y digamos las cosas por su nombre: siento envidia. Entonces remuevo la aplicación de mi celular y decido tener una vida a la antigua; llegar a mi casa a leer un buen libro, entrar al baño con el periódico o una revista, despertar en la mañana, abrir las cortinas de mi habitación y saludar al árbol que mantiene fresca mi casa.

Confieso que la decisión dura poco tiempo, las nubes pasan y la envidia se esfuma. Me acuerdo que yo también publico fotos en donde me veo radiante, como si mi vida fuera perfecta, no me doliera nada (ni en el cuerpo ni en el alma). Entonces me descubro más humana, más real. Entiendo que la vida de todos está llena de sombras que definitivamente, no son nada fotogénicas. ¿0 si?